jueves, 1 de septiembre de 2011

Pesadilla


Cuento corto.


Esos recuerdos. Esos sueños, burlándose de mí, exclamando inentendibles frases de dolor. "¡Ella no volverá! Se ha ido, ¡no volverá!", gritan. Me desarman, me lastiman, me hieren, me matan. Intento correr, intento escapar y refugiarme bajo la sombra de nuevos recuerdos, pero el camino se deshace. Caigo en un pozo sin fondo, me tropiezo al intentar levantarme y caigo de nuevo.
El sol se burla, me muestra parte de su cristalina esperanza para luego dar pie a que la noche vuelva. Yo caigo y caigo y caigo. Caigo y me adentro cada vez más en las entrañas de un pozo obscuro.
Un cuervo. Dos. Tres. Cinco. ¡Diez cuervos en formación devoran mi carne! Mis ojos no ven más que desesperación. Un torbellino de esperanzas muertas me arrastra con su dolor. Miles de almas, rodeándome, abrazándome. Hogueras y cadáveres. ¡Putrefacción! Sólo caigo. Caigo y... ¡¿Qué es eso?! ¡El piso! Lanzas encajadas, cabezas y cuerpos ensartados en ellas. ¡Y yo voy directo a ellas, cayendo sin esperanza alguna! Sólo caigo. ¡Caigo! 

Unos metros más. Mis segundos finales transcurren con la lentitud de mi vida, y veo frente a mi todos los errores que cometí. ¡Señor, ayúdame!
Dos segundos más y terminará la vida, mi vela se extinguirá. 
¡Oh, cruel destino que me deparó! Escucho un grito desgarrador proveniente de mi garganta, y como acto final de esta cruel obra llamada vida cierro los ojos... ¡Caigo...!

Despierto.

Desperté y me encontré bañado en sudor, al borde de la cama.
"Ha sido una pesadilla, eso es todo. Una de las miles de pesadillas que noche tras noche me asaltan..." Me levanté y me observé en el espejo. Mis ojos hundidos en ojeras, evidencia de años de insomnio. Tomé una copa de vino para relajarme.
"Fue otra pesadilla, eso es todo".
Pasaron dos o tres horas hasta que el sueño volvió a mí. Me acomodé en la cama y me dispuse a dormir. Cerré los ojos pero un ruido me sobresaltó. No supe si había sido el sonido de las cadenas de los condenados en el purgatorio o uno de sus gritos fantasmales. Pero estaba seguro de que era un ruido proveniente de otro lugar. ¡No hay en la Tierra sonido parecido! Abrí los ojos y en el umbral de la puerta vi a una joven. ¡Belleza similar jamás había sido contemplada! Las finas líneas de su cuerpo, los vestidos excelsos, la leve insinuación de una sonrisa en sus labios... Me relajé y contemple su porte y su belleza. No sé si fueron segundos u horas, el tiempo es un ente que puedes estirar a tu conveniencia. Seguí contemplándola y me di cuenta de cierta característica que me inquietaba. No lograba deducir el qué ni el porqué, pero en su mirada había algo que no me dejaba concentrarme en lo demás. Vano sería intentar describir cuál era la duda que tan fuertemente me asaltaba. En su mirada sentía como si miles de emociones -o cadáveres- hubieran sido enterradas en dos ataudes injustamente pequeños, para así ceder al desgaste cruel del tiempo y, al final, pudrirse y sólo dejar como recuerdo de su presencia cenizas. Polvo y nada más.

Las primeras luces de la mañana se colaban a través de mi ventana como agua, y después de lo que a mí me parecieron unos momentos el cuarto se llenó de luz. A juzgar por la cantidad de ella que había deduje que ya pasaría del mediodía. ¿Cómo era posible, si minutos atrás la noche me abrazaba como a su vástago predilecto? La luz siguió entrando, hasta que el calor fue insoportable. Entró y entró e inundó mis aposentos en un desagradable océano de iluminación exagerada. La luz siguió entrando y pronto comencé a sentir el calor que generaba. Mi piel -en este punto ya no podía ver nada- se sentía chamuscada y sentía cómo era que mis ojos buscaban abrirse camino y saltar de mi cráneo. 

Por lo que me pareció una eternidad, sentí cómo mi piel se quemaba. Cómo mi interior se quemaba.
La luz desapareció. Esperé sentir el fétido olor de mi cuerpo quemándose, pero una vez más, sólo encontré mi cama y mi cuerpo bañado en sudor. Maldije mi demencia -seguramente provocada por tantas noches de insomnio- y me dispuse a intentar dormir de nuevo...

Me senté. Me incliné levemente hacia la derecha y recosté mi cabeza en la almohada. Con lentitud subí una pierna y luego la otra. Me quedé de lado, viendo hacia la derecha, hacia el umbral de la puerta por el que tantas pesadillas como la de esta noche habían entrado para atormentarme.
El ambiente se sentía pesado, como si una mirada taladrara mi espalda. Como si estuviese en una morgue, o en la tumba de un asesino.
No me importó voltear al otro lado de la cama, simplemente miré hacia mi derecha, esperando a que el sueño me venciera, convencido de que mi horror había terminado. Durante unos diez minutos mantuve esta posición hasta que decidí voltear al otro lado. 
Apoyé una mano y luego otra. Con un movimiento rápido giré mi cuerpo a la izquierda y a escasos centímetros de distancia... ¡Un cadáver! Viéndome. Contemplándome como si fuera su más reciente obra de arte. La vi, horrorizado, y me percaté que era la visión hermosa que minutos -¿o eternidades?- atrás había presenciado. Solté un grito de horror al verla, bañada en la luz de la luna, burlándose, presentándome su aspecto real.
La piel llena de llagas, los dedos retorciéndose, acercándose a mi cara como para tomarla para darme su grotesco beso mortal. Las mandíbulas en expresión de horror -¿O sonrisa? No podría ser aquella una leve insinuación de una sonrisa? Malévola, sí. Pero una sonrisa a fin de cuentas...- Sus cabellos eran sólo un vetusto cuervo posado en la cabeza, devorando su carne. Y sus ojos... ¡Oh, los ojos! Terrible espectáculo que me obligué a presenciar! ¡No eran más que dos espejos, reflejando mi propia agonía!

2 comentarios:

  1. wwwooowwww!!!!! genial kompa :S :)

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  2. No me canso de sonreir cada vez que termino de leer un escrito tuyo ..!! De verdad ..!! Y se que jamas me cansare de hacerlo (: Te quiero Jorge ! Pd: Eh aqui la niña que se fue y no regreso ;) Ja !

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